En la Ciudad de México y sus alrededores, las inundaciones suelen ser rápidas y desaparecen en cuestión de minutos u horas, siendo Chalco, por supuesto, la devastadora excepción. Después de limpiar el lodo de sus calles, tirar sus pertenencias arruinadas y tallar lo que queda de sus hogares, las víctimas de las inundaciones trabajan para reconstruir rápidamente sus vidas, aunque sea de forma incompleta. En un paseo superficial por una calle pocos días después de una inundación, la vida parece, a primera vista, sorprendentemente normal. Pero las inundaciones dejan huellas que perduran. No se trata solo de las manchas de agua en las paredes que se niegan a desaparecer, recordatorios de lo profundo que llegó el agua. También dejan huellas en la memoria colectiva de los residentes, tanto de trauma como, en ocasiones, de una solidaridad extraordinaria. En los testimonios que se presentan a continuación, los residentes comparten no solamente su dolor, sino también su resiliencia y su lucha por la justicia. También comparten sus propios análisis sobre las causas de las inundaciones, análisis que casi siempre contradicen las versiones oficiales.
Si bien cada inundación es tan única como el lugar en el que ocurrió, en las contra-narrativas que aquí se presentan surgen ciertos hilos conductores comunes. Estos hilos, cada uno representando una causa principal de las inundaciones, no son exhaustivos. Sin embargo, ofrecen un punto de partida para su exploración, para ayudarle a empezar a ver las conexiones entre lugares cuyas historias se cuentan a menudo por separado, pero que comparten paralelismos inquietantes e incluso conexiones directas a través del sistema de drenaje. Te animamos a seguir estos hilos, a los que aquí nos referimos como corrientes, pero sin tomarlos como algo que te limite a un camino lineal. Al igual que los ríos se desbordan naturalmente y serpentean hacia nuevos cauces, las historias que se relatan aquí superan invariablemente cualquier categorización simplista.
La expansión continua de la mancha urbana, impulsada por los intereses inmobiliarias, pone en peligro las vidas de colonias y pueblos a lo largo de la cuenca.
Los gobiernos de la metrópoli han extraído tanta agua del subsuelo que ya no aguanta el peso de la ciudad y se hunde, colapsando los drenajes y provocando inundaciones cada vez peores.
Cuando el sistema de drenaje está rebasado por las lluvias fuertes, los gobiernos de la metrópoli ocupan su control sobre el flujo del agua para sacrificar la periferia, evitando así inundaciones peores en las zonas céntricas y de mayor plusvalía.