Desde la inauguración del Sistema de Drenaje Profundo en 1975, la cloaca principal de la capital de la República no ha estado en la Ciudad de México, ni el Estado de México, sino en Hidalgo. Tere lo conoce muy bien: ha vivido toda su vida en una casa que colinda con el río, un río que - a pesar de estar contaminada - siempre estaba rodeado de árboles verdes.
La noche del 6 de septiembre de 2021, la cloaca desbordó. Tere escapó por los pelos con vida de su casa. El agua tardó días en retirarse por completo. Casi todas sus pertenencias quedaron destruidas. Para ella y otras casi 30,000 víctimas de esta trágica inundación, incluyendo 14 pacientes del hospital del IMSS que perdieron la vida, se trató de una catástrofe que nunca hubieran podido imaginar.
Para los que siguen con vida, como Tere, el trauma y los daños materiales causados por la inundación son como un agujero del que nunca podrán salir. Están atrapados: atrapados en sus casas, ahora casi sin valor; atrapados con los políticos que los traicionaron; y atrapados con sus recuerdos de haber engañado a la muerte solo para vivir con la zozobra cada que llueve. A pesar de eso, algunos, como Tere, siguen luchando.
A continuación, escuchamos la historia de Nadia, otra vecina de Tula, quien explica como la inundación les quitó no solamente sus pertenencias, sino algo más fundamental: la tranquilidad.
En los días después de la inundación, los políticos enfatizaron, y los medios de comunicación repitieron complacientemente, que se trataba de un “desastre natural,” resultado de “lluvias atípicas,” que provocaron el “inevitable” desbordamiento del río.
Sin embargo, esta narrativa no tenía sentido para los damnificados como Tere y Nadia. Fueron testigos de que si bien había una lluvia fuerte, no era nada extraordinaria. En las semanas después de la inundación, empecé a señalar lo que ambientalistas de la zona ya sabían: la inundación fue un efecto predecible de la expulsión de agua del Valle de México.
Este argumento poco a poco fue retomado por medios, particularmente los reportajes de Animal Político, y por la propia sociedad en Tula, al punto de que cuando llegó AMLO el 6 de noviembre del mismo año a una reunión en Tula manifestantes lo recibió con pancartas que decían todo: “TULA NO SE INUNDO, NOS INUNDARON”